La Bicicleta : La historia de la bicicleta

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Su definición es: « Velocípedo de dos ruedas, de igual tamaño, cuyos pedales transmiten el movimiento a la rueda trasera, por medio de dos piñones y una cadena ». Pero… la bicicleta es mucho más. Es el resultado de una larga historia de inventos, ensayos, fracasos, éxitos, anécdotas, vértigo… Una historia que comienza hace doscientos años. ¿Doscientos… o más? Esta pregunta, hasta hoy sin respuesta, nos la plantea el vitral de una vieja iglesia.

La bicicleta de Stoke Poges

En el año 1769, los habitantes de Londres se sorprendieron al ver por sus calles a lo que pode mos llamar la primera bicicleta. Por supuesto era muy distinta de la que hoy conocemos: no tenía pedales, ni manillar (manubrio), y la persona que iba en ella avanzaba apoyando sus pies en el suelo e impulsándose de esa manera. Pero…, en el vitral de una de las ventanas de la iglesia de Stoke Poges, en Buckinghamshire, que data del años 1642, o sea más de cien años antes, se ve a un niño andando en una de esas bicicletas primitivas. Entonces…, ¿quién inventó realmente la bicicleta? Nadie lo sabe, pero lo que sí conocemos es los nombres de aquellos que con ingenio, trabajo y perseverancia hicieron posible la bicicleta, tal como la conocemos hoy: útil, veloz y divertida. La rudimentaria bicicleta se convirtió muy pronto en el pasatiempo de los nobles y acaudalados señores.

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Así es como, el conde Sevrac (a quien muchos le atribuyen el invento de esta precaria bicicleta) produce su primer celerífero en el año 1791. Otro excéntrico, el barón Von Drais Sauerburn, introdujo sustanciales modificaciones al modelo de Sevrac: mayor separación de rueda a rueda, manubrio para poder dirigirla, un rudimentario asiento, creando así la « draisina », que muy pronto se popularizó en el año 1816. Es bueno recordar que para ese entonces ya existía el triciclo, que fue inventado por Farfler en el año 1655.

La evolución de la bicicleta

En 1834, un herrero escocés llamado Kirpatrick McMillan, logró darle continuidad de movimiento a la rudimentaria bicicleta de aquellos tiempos al acoplarle dos pedales, un cigüeñal y bielas que transmitían la potencia a la rueda trasera. Gavin Dalzell siguió perfeccionando la idea de McMi- llan. En el año 1865, Pierre Lallement, francés, colocó pedales y cigüeñal en la rueda delantera de un celerífero y dio origen así al velocípedo. Dicha rueda anterior tenía un tamaño desmesurado con respecto a la rueda trasera. Ambas eran de madera, y sólo tenían de hierro el eje y las llantas. Lallement vendió la patente de su invento a M. Michaux. Para ese entonces, una costumbre muy curiosa había sido adoptada por varias parejas de novios: iban a casarse, lujosamente vestidos, conduciendo sus bicicletas. El velocípedo siguió perfeccionándose con la inclusión del cojinete a bolas (el rulemán, que fue ideado en el año 1802 por el francés Cardinet). También se le colocaron cubiertas de goma maciza, reemplazando a las llantas de hierro, cuadro metálico (incorporado por Ader en 1867) y ruedas con rayos metálicos en lugar de las pesadas ruedas de madera.

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La rueda delantera, en los primeros modelos, llegó a medir hasta 1,62 m, mientras que la trasera solamente tenía algo más de treinta centímetros. Esta desproporción hacía que la bicicleta resultara un vehículo muy inestable y peligroso,reservado a unos pocos arriesgados. En el año 1885, el inglés J. K. Starley inventó la bicicleta de ‘seguridad’, en la cual la rueda delantera era un poco más grande que la posterior, logrando así mayor estabilidad. Colocó también una cadena de transmisión, que, en realidad, era la idea original del principio de tracción del herrero escocés McMillan. En 1888, un dentista cirujano, llamado John B. Dunlop, de Belfast, inventó la cámara neumática de caucho, lo cual dio a la bicicleta un gran impulso en su popularidad. En 1896-97, el vehículo adoptó la forma actual. Dos ruedas de 0,60 cm de diámetro, cuadro metálico de 8 tubos, manillar moderno, catalina y piñón, unidos por la cadena de transmisión. Muy pronto, una pujante industria se desarrolló en toda Europa, y a fines de 1930 se habían vendido 70.000.000 de bicicletas.

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Las bicicletas de carreras

Son las fabricadas para alcanzar grandes velocidades, las que electrizan a los aficionados en los tramos finales de las carreras, cuando se disputan los últimos metros en ese esfuerzo final y agotador llamado « sprint ». No tienen frenos, lo cual aligera su peso. Son altas y cortas para permitir que el corredor tome las curvas a gran velocidad. Con ellas jamás es posible dejar de pedalear, pues tienen piñón fijo. Los neumáticos (o tubulares; el neumático y la cámara están formados por una sola pieza) van pegados a las llantas, ya sea con goma laca u otro adhesivo. Están equipadas con cambios de velocidades, y las hay que pue- den desarrollar 18 velocidades, lo que les da una gran rapidez.

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